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El Malandreo como método Lo malandro es el modo dialéctico (entendido como diálogo, intercambio) de los ciudadanos en los barrios venezolanos, conformados socialmente con bases éticas, amorosas, de…

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El Malandreo como método

Agente Libre Coreografia: Félix Oropeza Interprete: Oswaldo Marchionda Fotografia: Arturo Moreno
Agente Libre
Coreografia: Félix Oropeza
Interprete: Oswaldo Marchionda
Fotografia: Arturo Moreno

Lo malandro es el modo dialéctico (entendido como diálogo, intercambio) de los ciudadanos en los barrios venezolanos, conformados socialmente con bases éticas, amorosas, de respeto, rebeldía, irreverencia a las normas que impliquen control o subordinación sobre las condiciones de desigualdad en la comunidad, que potencian la búsqueda de alternativas que acompañe la protección de su semejantes. Distanciándonos del concepto o idea del malandro como un delincuente, más bien como el guapo; referente de nuestros hijos del barrio que se forjaron en condiciones de desigualdad, generada por la apropiación asimétrica de bienes materiales-existenciales en nuestro país, por parte de los sectores hegemónicos económicamente hablando.
Cuando hablamos de Danza Malandra hacemos referencia aquellos cuerpos que históricamente no participaron en los espacios de reflexión académica y de la construcción de los discursos de la danza contemporánea establecida. Si se plantearon interrogantes, fue en términos del símbolo dominador, cuyo dictamen evaluador pasa por el mercado de los cuerpos dóciles y los estilos reconocidos, es decir, una tipo de danza desarrollada de manera distante de los lugares de representación escénica convencionales que fueron abordados y desvalorados desde una mirada colonizada.
Es un hecho que nos vean como malandros, inclusive aquellos que comparten con nosotros los espacios convencionales de la danza, producto de que se nos percibe como una construcción simbólica hibrida que se expresa en códigos reconocibles a esa otredad, es decir nuestras movilidades expresan los origines y la experiencias de vida de los referentes culturales mencionados. Es por esta razón que hablamos desde los malandros, que bailamos y nos apropiamos de la danza contemporánea como una expresión o espacio para bailar sobre nuestra existencia en un país de desigualdades.

Estamos hablando de la posibilidad de construcción de saberes, en nuestro caso, desde la práctica artística de la danza contemporánea, que aporten a otra visión de la vida y de la creación artística basada en los referentes culturales propios de sus creadores. En la danza contemporánea y los diversos espacios escénicos que proporciona, encontramos un sendero para la acción liberadora y la expresión de nuestras necesidades, un camino para la realización corporal con sabor y olor hibrido del barrio. Acción liberadora cargada de movilidad y dinámicas que dan contenido a ese espacio habitado enriquecido por la experiencia de subir las escaleras hacia nuestras casas humildes, desplazarse entre los espacios compartidos que se concretan en la mirada cenital e infinita de la ciudad; entre veredas y pasajes, sosteniendo en nuestras manos los tobos llenos de agua en tiempos de sequía: Quizás esta fue la primera aproximación de cargadas en lo que reconocemos ahora como la danza contacto o las cercanías sutiles al bailar el bolero y el danzón como experiencia de reconocer al otro en ausencia de la palabra.

Félix Oropeza

Pisando Firme

El Solar de los aburridos

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Solar. Felix OropezaPISANDO FIRME

“Suol” es un término muy antiguo que se refiere a la parte de abajo del calzado, es decir, la “suela”, y de suela viene suelo, y de suelo “solar” que, por razones de ubicación, se opone a “solar” de Sol, que más bien viene a darle a uno en el cogote y en la mera testa. Solar, entonces, es un espacio marcado por lo que se pisa con la suela, y en muchísimos casos con la mera planta del pie. Por su lado, aburrido viene de “abhorrere” que significa algo así como “sin ponerse los pelos de punta”. Sugiere estar sin estímulo. También nos evoca una cotidianidad tan cuadrada, tan sabida que ni se sufre ni se padece.

Estas procedencias lingüísticas alcanzan a tener sentido cuando nos encontramos con un espacio escénico nuevo (en el TTC) que pisan unos bailarines, dando cuenta de unas condiciones físicas muy bien…

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Pisando Firme

Solar. Felix OropezaPISANDO FIRME

“Suol” es un término muy antiguo que se refiere a la parte de abajo del calzado, es decir, la “suela”, y de suela viene suelo, y de suelo “solar” que, por razones de ubicación, se opone a “solar” de Sol, que más bien viene a darle a uno en el cogote y en la mera testa. Solar, entonces, es un espacio marcado por lo que se pisa con la suela, y en muchísimos casos con la mera planta del pie. Por su lado, aburrido viene de “abhorrere” que significa algo así como “sin ponerse los pelos de punta”. Sugiere estar sin estímulo. También nos evoca una cotidianidad tan cuadrada, tan sabida que ni se sufre ni se padece.

Estas procedencias lingüísticas alcanzan a tener sentido cuando nos encontramos con un espacio escénico nuevo (en el TTC) que pisan unos bailarines, dando cuenta de unas condiciones físicas muy bien afinadas, igual que su sentido del ritmo, de la armonía y de la entrega. Logran conmover al público, sacarlo de la abulia por su frescura, su alto sentido del cuerpo como herramienta estética y porque bailan alcanzando expresiones y modos que, evidentemente, le son propias y, sobre todo, significativas. La calle, lo urbano, la violencia, la ternura, el amor, la soledad no se desdicen, se amalgaman, construyen un cuerpo para esa nueva mixtura y sentido ético de la vida.

Por su lado, el trabajo de Félix Oropeza podría calificarse como la coreografía del riesgo. Porque el tiempo en que se está frente al espectáculo uno ve que todo se pone en peligro.

Comenzando por los parámetros clásicos de danza contemporánea. El equilibrio escénico es, a veces, muy precario y nunca deja de ser armónico. Los desplazamientos en grupos son muy divertidos y amenazan con partirle la testa (o el cogote) a cualquiera que se descuide. El espacio se vacía en varias oportunidades amagando con volcar desastrosamente el escenario a uno u otro lado, pero esto no ocurre. Vemos, permanentemente, componer y descomponer escenas que nos dicen cosas cercanas, casi anecdóticas; siempre derrochando energía e impidiendo el aburrimiento, no solo del espectador sino del hecho de danzar.

El solar de los aburridos es una puerta abierta a formas auténticas de moverse en el escenario como bailarín, actor, director, coreógrafo, dramaturgo, escenógrafo, musicalizador, músico, etc.

Se agradece este trabajo que, entre otras cosas, es una conminación a hacerlo bien y con mucha seriedad cuando se trata de encaramarse en un escenario, solar, piso o como se quiera llamar a ese espacio que se hace mágico solo si hay magia.

Por Rodolfo Porras

 

XV Años de Agente Libre 2014 / Fotografia: Gustavo Marcano

Ritualizando el movimiento. Agente Libre quinceañero

Los rituales de iniciación son protocolos culturales en los procesos de transformación. Tránsito entre lo que ya no es y lo que será. En América Latina, los 15 años -aunque banalizados- ritualizan la llegada de las adolescentes a la vida adulta, les otorga la responsabilidad sobre sí mismas ante su grupo sociocultural. Ritualizarse implica crecimiento y desarrollo de los individuos y sus colectivos culturales. Son cambios radicales, son revoluciones.

Agente Libre celebra 15 años que coinciden con la experiencia de construir una sociedad diferente; humana y rítmica, con debilidades y fortalezas, como nosotros. Años apostando a favor, incluso en la crítica cuando el sueño nos ha sido adverso; comprendiendo que los procesos son perfectibles, así como somos. Tiempos donde la esperanza fundada en un mundo mejor se ve amenazada por los poderosos de siempre y su industria global de manipulación que niega lo que no le beneficia y somete la vida creadora.

Nuestra festividad ritualizada esta integrada por la sistematización de los procesos creativos de Agente Libre desde la mirada audiovisual de los creadores Jonathan Contreras, Luis Centeno, Juan Cristobal de la Barra y Francisco Piñate. Asociados con Avila TV, realizaremos un video danza de “Croquis para algún día”, nuestra obra emblemática, y la Temporada 21, número mágico que conicide con el Vals quinceañero.

Durante la temporada presentaremos “La hiuda”, interpretada por Luigiemar Gómez y Jhon Lobo. Un trabajo en progreso deminonado “Teorías de Descartes”, donde Félix Oropeza continua su búsqueda en la construcción de nuevos discursos y para finalizar “El Cambote”, recargado con la participación de Luigiemar Gómez, Caren Rodriguez, Dionarah Herrera, Luzaida Chirinos, Thania Galavis, Ronny Méndez, Mariana Alviarez, Cristina Rossell, Natasha García, Armando Díaz, Jhon Lobo, Brian Landaeta, Mhares Ramírez, Oswaldo Marchionda y Félix Oropeza, quienes en su momento, han celebrado en conjunto con Agente Libre. Esta cita se realizará en el Teatro Bolívar en el centro histórico revitalizado de Caracas, los días viernes 07, sábado 08 y domingo 09 de Noviembre de 2014; viernes y sábados a las 6:00 PM y domingo a las 5:00 PM.

Apostamos a re-pensar la danza como elemento de cambio para transformar lo que somos; trascender el valor estético por el disfrute y valor ético de una danza apropiada y contextualizada; recuperar su vitalidad asociada a la realidad que nos circunda, bailar la danza con su sabor y color, reconocer el goce de los cuerpos en movimiento y el sudor cálido que lo recorre al ritmo de los signos que la motivan; hacer de eso, nuevas formas de relacionarnos y convivir.

Juntemos los afectos, respetemos los desafectos y vacilemos las 15 primaveras de Agente Libre danza contemporánea!

¡Salud y vamonó!

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Agente Libre Un imaginario colectivo como expresión de resistencia

 

Popular de Lujo

Agente Libre

Un imaginario colectivo como expresión de resistencia

 

¿Como los habitantes de nuestra ciudad construyen aquel espacio imaginado? ¿Como construimos los símbolos en nuestra vida cotidiana, para detectar los oráculos del transito de nuestra realidad?

 

La imaginación de alguna manera afecta la vida real, concreta, a través de los actos como señala Sastre: “la imaginación es una forma determinada que tiene la conciencia de darse un objeto, pero de dárselo, paradójicamente, como ausente. Ésa es su utilidad y su peligro: libera de lo real, del que sin embargo forma parte, pero también nos aparta del él. Se distingue por eso del conocimiento, que libera sin apartar, y de la locura, que aparta sin liberar.”

 

Dicha imaginación, determina la construcción en una dimensión que esta presente como posibilidad de proyectarse, en función de cambiar el ángulo del espacio común en un territorio ideal, percibido por el hombre particular y su vida cotidiana a la luz de una existencia mejor. Esta cimentación del ambiente se manifiesta a través de la tradición oral, de los cuentos, de los chimes, de los inventos cotidianos, de la realidades paralelas, de códigos corporales, de los graffitis, del baile y de los posibles paraísos ficticios como vías de narrar el acontecer de nuestra ciudad, para detectar múltiples formas de descifrar como nos imaginamos nuestro trayecto urbano.

 

¿Que es la ciudad en el imaginario urbano colectivo? Agente Libre quiere aproximarse en esta dimensión, por medio del cuerpo; la ciudad como cuerpo humano, la ciudad como metáfora del cuerpo, en tanto que estamos representados por una existencia corporal, transferida hacia el espacio no habitual de nuestra conciencia. Un cuerpo encajado, perfilado, en un molde, en un pequeño refugio, en la conjetura de 28 Km que se desvanecen entre Caricuao y Petare, que se repite en los constantes cambios no ofrecidos, en la espera de llegar, de transformarse en una cola y pedir la tele transportación de una famosa planetaria serie gringa, de la modernidad anunciada en una pared de pinturas vencidas que nos cuentan el paso del tiempo y que abrigan la sentencia “Cristo Viene” y otra no tan esperanzadora, “ y Viene Arrecho”.

 

Es aquí cuando nos reconocemos como colectivo, por la intersección del cuerpo como un espacio que nos ofrece diversos parajes, mas allá de las consideraciones de tipo lingüísticas y en este caso, más espacial, proxemico, como una imagen que nos permite una lectura diferente, llena de fragmentos; como una fotografía de nuestra ciudad: una de día y otra de noche. Es en este punto donde determinamos que nuestra danza, como elemento que construyen y sucumbe en el imaginario colectivo, como vehículo para el dialogo entre sus habitantes y la ciudad, el confesar a través de este particular móvil social, el movimiento extra cotidiano que se mezcla de cualidades motoras diversas, que traspasa el sentido lúdico, el riesgo, la osadía, las inclinaciones corporales, que de ninguna manera se consideran bajo la simple lupa de razones ideológicas o lógicas, para comprenderlo como una expresión danzaria, artísticas que comunica y anuncia otra edificación.

 

Evocamos imágenes que construyen la metáfora de la urbe, una imagen colectiva, legitimada de acontecimientos que establecen la historia de la ciudad, que son los signos para poder recorrer sus parajes. Agente Libre es una construcción imaginaria; es una construcción social. La ciudad es una gama de cuerpos en movimientos en territorios imaginarios, ideales que tienen la posibilidad de encontrar refugio en esa ámbito que es inversión energética y rítmica hecha movimiento recreado, entendiendo este (el baile) como la superficie en la cual el hombre se re – interpreta en la intimidad de su existencia, usando la ciudad como un sendero; una ciudad llenas de caminos, croquis que limitan y expanden al mismo tiempo, la posibilidad de habitarla.

 

Un valle que se trasmuta en lo apacible de su aire contenido, en el refugio de la paz encontrada, en la cerveza de rigor que da paso a cualquier rincón insostenible; a seguir apiñándonos con otro cuerpo vivo. Se fulminan todas las diferencias, nos imaginamos otra casa, otra ciudad, otro paraje en la oscuridad pública y acaecida en la propiedad compartida, en esa franquicia del “Vamos a vacilar un rato “.

 

Realización sin reglas, autenticidad en el más insulso rincón que habita en cada encuentro, para transformar la expulsión acaecida en todo los atardeceres. Es así que esta imagen se trasforma en el encuentro, en el baile; la congregación religiosa, en juego de bolas criollas, en los joropos de los Valles del Tuy que traspasan el ritmo de la Av. San Martín, en El Afinque de Marín de San Agustín del Sur, en las esquinas llenas de chapas que anuncia el encuentro de los compadres, en “Juanito Alimaña”; “Calle Luna Calle Sol”, en los sitios de Salsa de la Av. Francisco Solano López, en la parada de rigor de los Perros de la Plaza Venezuela, la Galicia celebrada en Maripérez y todas las veredas que de alguna manera nos arrojan a la relación del baile por medio de situaciones de encuentros; de desenfrenos que nos brinda el cuerpo como la expresión de resistencia, mediante del disfrute conciente; más que el criterio de marginalización urbana de esta expresión.

 

Agente Libre se ha constituido por nuestras vidas y sobre el escenario de la cotidianidad que la volvemos a vivir, es el instinto de la repetición, del reflejo, de todo aquello contemplado por la escrupulosa mirada del otro y representada en la semejanza discontinua, transfigurando la pena en deleite. Es en consecuencia, el drama, una naturaleza humana que se muestra en la galería pública, llena de desastres, desaventuras y avatares. Trasmitidas estas, por los cuentos en algunos casos y en otros por los códigos de comportamiento corporal en situaciones extremas; habladurías, accidentes, desastres, discriminaciones, desigualdad. Basta con nombrar un hecho concreto para saber el resultado, a favor del apetito que como alimento, colma el vacío de una vida llena de modorra, inmóvil

 

Es la transformación de la cara real, en el retrato autentico de nuestras felicidades y celebraciones, solo vasta un buen espacio para el baile para cerrar todos los acuerdos posibles y desprender todas las diferencias, y así nuestros amores, nostalgias, tragedias, desencantos e imposibilidades, logran a través de nuestro colectivo, crear el imaginario simbólico, representado por medio del cuerpo que baila a todo momento.

Félix Oropeza